Este tipo de estrategia se da en aquellas algas perennes y aquellas que crecen en zonas donde los herbívoros son activos todo el año, ya que las estrategias de escape, así como los refugios espaciales y temporales, no resultan eficaces. En estas situaciones, la selección natural favorecería aquellas especies que no fueran atractivas o apetitosas para los herbívoros, es decir, aquellas que dispusieran de algún tipo de defensa estructural y/o química.
Defensas estructurales o morfológicas
Las algas marinas presentan una gran variedad de tamaños, formas y texturas, desde las delicadas especies filamentosas hasta las calcáreas incrustantes. Varios estudios han relacionado la morfología de las algas con la susceptibilidad a los herbívoros, mostrando que algunas características estructurales y morfológicas de las algas reducen su vulnerabilidad a los consumidores. Así, las algas blandas filamentosas son consumidas por la mayoría de los herbívoros, mientras que las fuertemente calcificadas son explotadas solo por pocos.
El ejemplo mas claro de algas defendidas morfológicamente es el caso de la familia Corallinaceae. Del 80 al 90% del peso seco de estas algas puede ser materia inorgánica, fundamentalmente carbonato cálcico.
Aunque también existen ejemplos de defensas morfológicas entre las algas no calcareas. Muchas algas pueden ajustar su morfología para adaptarse a las condiciones físicas y biológicas, incluyendo la presión de los herbívoros. Por ejemplo, las algas clonales suelen formar tufos pequeños, compactos y altamente ramificados.